La lactancia materna constituye una de las intervenciones más eficaces para la supervivencia, nutrición y salud infantil. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este proceso proporciona nutrientes óptimos, combate enfermedades infecciosas, apoya el desarrollo cognitivo y previene el sobrepeso en la etapa adulta.
Aparte de sus virtudes nutricionales, la lactancia ejerce una función clave en el desarrollo muscular y estomatognático del bebé.
Entrenamiento muscular y desarrollo oral
Cada sesión de lactancia actúa como un estímulo para los músculos faciales, la lengua, los labios, las encías y la mandíbula. La odontóloga Estefanía Limón de la Cruz, experta en rehabilitación oral y cofundadora de Smile Art MX, señala que la succión del pecho exige movimientos coordinados en los que intervienen más de veinte músculos faciales.
El amamantamiento obliga al recién nacido a realizar varias acciones mecánicas:
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Abrir la boca con amplitud.
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Posicionar la lengua de forma precisa.
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Producir presión negativa en la cavidad oral.
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Mover la mandíbula con ritmo para la extracción de leche.
Este trabajo muscular promueve el crecimiento armónico de los maxilares y prepara las estructuras orales para la masticación, la deglución, la respiración nasal y la articulación del habla.
Prevención de alteraciones dentofaciales
Investigaciones de la American Academy of Pediatrics indican que la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses reduce la incidencia de mordida abierta, sobremordida y otras maloclusiones, efecto que se potencia al evitar el uso prolongado del chupón.
Entre los beneficios específicos para la cavidad oral destacan:
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Crecimiento equilibrado del maxilar superior e inferior.
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Posición correcta de la lengua.
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Formación de una mordida funcional.
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Erupción adecuada de los dientes temporales.
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Estimulación de la respiración nasal y de una deglución fisiológica.
Recomendaciones e índices actuales
La OMS y UNICEF sugieren iniciar la lactancia durante la primera hora de vida y mantenerla como alimento exclusivo durante los primeros seis meses. Pese a las recomendaciones oficiales, el alcance global resulta limitado: solo el 48% de los bebés menores de seis meses la recibe de manera exclusiva.

