Por Patricia Andrade y José Viurquis
NANACAMILPA, Tlax., – Junio, julio y agosto son la oportunidad perfecta para desconectarse de la rutina urbana y adentrarse en el Santuario Laguna Azul. Este destino ecoturístico, ubicado a más de 2,600 metros sobre el nivel del mar, en la región del Espolón de la Sierra Nevada, ofrece una de las experiencias naturales más impresionantes del planeta, el avistamiento de luciérnagas en celo y apareamiento.
El viaje comienza antes de hacerse de noche, con una caminata de dos kilómetros entre árboles de pino, encino y oyamel. El bosque recibe a viajeros con una atmósfera limpia, impregnada de aromas a tierra mojada, resinas y leña húmeda. Pero en Laguna Azul es diferente a otros santuarios desde la recepción del coro de sapos hasta la cercanía y las historias del lugar.
Pero antes, es imperdible disfrutar del centro de Tlaxco, con su iglesia de San Agustín que guarda historias de sus mártires niños, el palacio municipal y su guardián charro, el mercado de artesanías y el Museo de la Madera de la familia Márquez, además de la deliciosa gastronomía con platillos regionales y el extraordinario queso de La Vaquita.
Sin embargo, en la mente está descubrir el misterio de la incandescencia de los cocuyos, luciérnagas o chupiros, ya que en el mundo, solo México, Nueva Zelanda y Malasia albergan los sitios de avistamiento masivo.
Los guías, Celso, de 72 años que alcanzó el sueño de trabajar en el lugar en que nació, y Pedro de 25, nos explican que los destellos entre hembra y macho de los cocuyos o luciérnagas son sincronizados, porque los pequeños haces de luz amarilla y verde surgen de entre las ramas y el suelo emitidos por hembras, el macho también lanza los suyos para ser aceptado. El fenómeno visual se intensifica de forma paulatina hasta iluminar el bosque de manera similar a un árbol de Navidad.
Desde antes de subir, el guía Celso nos advirtió de omitir el uso de celulares o cámaras, además de evitar el ruido, para no ahuyentar a los insectos. Así, en medio del silencio total, los visitantes disfrutan la cercanía de estos seres luminosos, que pueden pasar frente a tu cara. Pero es necesario el respeto al santuario para la conexión natural.
El acceso al santuario de las luciérnagas es limitado a cierto número de grupos por día, que controlan desde Laguna Azul donde hay un campamento de cabañas, debido a lo frágil del ecosistema, que aparte de prohibir tomar fotos y el ruido, no permiten la aplicación de repelentes de insectos ni perfumes, pues resultan letales para la fauna.
El uso de guías es obligado pues son quienes conducen por los senderos autorizados, con el fin de proteger a las hembras y larvas que habitan a ras de suelo. El verano, la temporada de lluvias, es la ideal para vivir la experiencia inolvidable. Visitar el Santuario Laguna Azul representa la oportunidad de maravillarse ante la majestuosidad de la naturaleza y contribuir a su conservación.
Ven a disfrutar la experiencia con Rehiletes, que junto con ADO y Toritour realizan cada sábado y domingo el viaje en cómodo Turibús en un día, en el que además disfrutas de la quesería La Vaquita, y en el centro del municipio más grande de Tlaxcala, Tlaxco, su iglesia de San Agustín, El Museo de Madera de la familia Márquez, el mercado de artesanías y la deliciosa comida regional. En nuestro caso nos llevaron a El Arca, una iglesia con esa forma de nave marinera que parece encallada entre calles con su proa y diseño interno con motivos aztecas.
Ellos te llevan de la mano con guías locales que explican cada detalle, por ello conviertes el fin de semana en un día increíble, lleno de historia, mucha magia que llega a su fin por la noche entre centelleos del santuario Laguna Azul, pero que quedan en tu mente y conciencia ambiental por siempre.
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