Por Patricia Andrade Barajas

Entre las historias de maestros destaca la de Yumín Montfort Kelly, que surge como testimonio de congruencia entre el aula y la redacción. Con 32 años de trayectoria docente en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, Montfort Kelly demuestra que la docencia no es tarea improvisada, sino acto de responsabilidad, ética y compromiso que se nutre del ejercicio profesional diario.

Con motivo del Día del Maestro en una entrevista con la profesora Yumin nos platica que es egresada de la misma institución en la generación de 1972, y nunca se separó de su alma mater. Su camino en el magisterio inició por invitación de su mentor, el profesor Pablo Tenorio, quien descubrió en ella la capacidad para transmitir conocimientos de comunicación impresa e inglés. Lo que empezó como apoyo temporal se transformó en una vocación de vida bajo una premisa innegociable: el respeto al alumno a través de la preparación rigurosa de cada clase.
Una mujer íntegra, con principios éticos, activa, siempre muy bien vestida, alegre, apasionada, profesional, puntual, pero sobre todo enamorada de su profesión como periodista y catedrática, Yumin Montfort, es extraordinario ser humano que siempre busca ayudar a quien se lo pide. A sus ex alumnos los contacta entre sí para que se apoyen en la búsqueda de trabajo.
Hay reporteros que se han ido a trabajar a otros estados o países y muchos le han preguntado a la profesora Yumín si conoce alguien allá para que los apoye en el medio, ella los comunica entre si. Así ha ayudado a muchos a encontrar trabajo, pero sobre todo hace redes de apoyo, por las que surgen grandes compañeros y más adelante amistades entrañables.
Parala Yumín las carreras como periodista y catedrática son su pasión, les dedicaba todo el día, a veces se le olvida la hora porque estaba absorta entre papeles de tesis, preparar clases y más adelante en la dirección de la institución.
No era una maestra «barco», fue exigente porque ella pedía a los estudiantes de periodismo investigar, verificar datos, a no irse con lo que le dicen, pues así forman a los estudiantes en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.
A diferencia de quienes ven la enseñanza como un refugio, Montfort Kelly ejerció el periodismo de manera simultánea. Su experiencia en el diarismo y en revistas especializadas alimentó sus cátedras en áreas tan diversas como radio, relaciones públicas, publicidad, comunicología social y ortografía. Esta práctica constante permitió que sus alumnos recibieran no solo teoría, sino la realidad de una profesión que exige ética y verificación de datos.
Su paso por la administración escolar, como Directora Académica y Rectora de Recepción Profesional, consolidó su compromiso con la formación de cuadros periodísticos honestos. Para ella, el éxito de la Septién —la institución más antigua de México en su ramo— reside en la mística de apoyar a quienes poseen talento, pero carecen de recursos.
Frutos que cruzan fronteras
«No tuve hijos propios, pero formé a muchos seres humanos entrañables», afirma la catedrática, quien atesora los mensajes de agradecimiento en las tesis de sus exalumnos. Hoy, sus discípulos ocupan espacios en medios de comunicación de Europa, Asia, África y toda América. Ese reconocimiento, que «nadie puede vender», es la retribución que no aparece en el sobre de sueldo, pero que llena de orgullo su trayectoria.
Sin embargo, el camino también tuvo sombras. La pérdida de alumnos jóvenes en accidentes o enfermedades dejó marcas profundas en su memoria. Ante el dolor, su filosofía es clara: sumar los momentos hermosos y restar las penas para mantener vivo el espíritu de servicio.
Un legado para el futuro
Como miembro del consejo de directores de la Asociación Cultural Carlos Septién García, Yumín Montfort continúa en la toma de decisiones que definen el destino de la escuela. Su amor por la institución es tal que donó todo su acervo periodístico a la biblioteca escolar, con el fin de preservar décadas de información verificada para las nuevas generaciones.
A lo largo de cuatro décadas de colaboración con figuras como el maestro Manuel Pérez Miranda, Montfort Kelly mantuvo una disciplina inquebrantable, con jornadas que iniciaban a las ocho de la mañana y terminaban a la medianoche. Hoy, aunque extraña la dinámica diaria del plantel, su vínculo permanece intacto. Para Yumín, lo que le atañe a la escuela le atañe a ella; una unión que nació en las aulas hace más de 50 años y que persiste como un faro de profesionalismo en el periodismo mexicano.



